agosto 09, 2019 1 lectura mínima

Al salir de la industria de la restauración, el propietario y cofundador de Black Hog Brewing, Tom Sobocinski, quiso crear cervezas que maridaran bien con la comida. Para enlatar su cerveza, Black Hog trabajó con una empresa de enlatado móvil, pero tuvo dificultades para programar los trabajos una vez que aumentaron su producción.
Luego, Black Hog decidió comprar una línea de enlatado económica que, en última instancia, no pudo seguir el ritmo de su crecimiento; hacían funcionar su máquina con tres personas durante doce horas al día. La máquina se averiaba con frecuencia, lo que costaba dinero y provocaba grandes retrasos en su programa de producción.
Desde entonces, Black Hog ha comprado una máquina de enlatado Wild Goose, de la que Sobocinski afirma que "nos ha ahorrado incontables horas de inactividad, pérdida de ingresos y estrés para el operario. Además, el producto final es sencillamente mejor. Nuestro oxígeno disuelto es extremadamente bajo y la cerveza en la lata tiene la máxima calidad posible".
Lea el caso de estudio completo aquí (PDF)
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